Predio piloto en el Valle de Camarones demostró abundancia de controladores biológicos en cultivos de alfalfa y cebolla. Agricultores del lugar implementaron trampas para controlar plagas sin usar pesticidas, utilizando la biodiversidad existente, con apoyo de los profesionales de la Iniciativa para la Conservación de Especies Amenazadas.

Durante el mes de mayo, terminó el trabajo colaborativo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Ministerio del Medio Ambiente de Chile junto a agricultores en el Valle de Camarones, en la Región de Arica y Parinacota, para la preservación del hábitat del Picaflor de Arica, especie en la categoría de Peligro Crítico de extinción.

El programa piloto de buenas prácticas “Manejo Integrado de plagas (MIP) con trampas mixtas con luz, en cultivo de alfalfa en Camarones”, fue creado en los sectores de Chapucilco y Taltape, del Valle de Camarones y finalizó el 11 de mayo con un evento de cierre, en el cual se realizó una capacitación y un repaso de los resultados preliminares de este proyecto.

En la Hacienda Santa Pabla, ubicada en el sector Chapucilco, Camarones, se instaló en octubre de 2020 el proyecto piloto, mientras que en la localidad de Taltape, el piloto inició en abril de 2020 en el predio de María Eugenia Leyton, mediante la firma de un acuerdo de cooperación para la experimentación y demostración de buenas prácticas agrícolas.

El proyecto fue liderado por la Iniciativa para la Conservación de Especies Amenazadas, ejecutada por el Ministerio del Medio Ambiente (MMA), implementada por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Chile y financiada por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, en inglés).

La actividad de cierre fue compartida junto a los agricultores Solón Chávez y Jaime Veas (jefe de campo y agricultor de la Sociedad Agrícola Santa Pabla), quienes expusieron sobre la experiencia de este piloto en su evento final.

En el encuentro de cierre, se realizó una capacitación de monitoreo de plagas en cultivos de alfalfa, siguiendo las guías de campo del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), para reconocimiento de plagas y control biológico. También, se expuso acerca del estado de la banda de flores nativa existente en el hábitat del Picaflor de Arica y observaciones sobre la flora trasplantada, su función ecológica e importancia para las especies amenazadas.

La agrónoma Valeska González, quien es parte del equipo de la Iniciativa Conservación de Especies Amenazadas, comentó que se obtuvieron resultados positivos al cierre del piloto, pues como iniciativa se logró demostrar la presencia de controladores biológicos en los cultivos. “Por parte de los asistentes existe interés por las prácticas agroecológicas implementadas, para continuar con el uso de cercos vivos y vegetación ripariana como corredores biológicos y su compromiso de continuar con el uso de trampas de luz y reposición de plantas muertas en la banda floral”, destacó González.

Asimismo, la profesional agregó que se desarrollaron innovaciones para proteger los cultivos de alfalfa en el terreno de la Hacienda Santa Pabla, junto a los socios del proyecto piloto. Entre ellas, la instalación de un soporte metálico para las trampas mixtas que contienen a plagas, lo cual permitió mejorar la captura de polillas nocturnas que perjudican a los cultivos de alfalfa. Se incorporó, también, el uso de un foco alógeno con energía solar, de encendido automático y un bidón con un líquido para romper la tensión superficial del agua; métodos que dieron excelentes resultados en cuanto a la captura de insectos de hábito nocturno.

En el piloto en Hacienda Santa Pabla, se realizó un monitoreo de plantas para determinar las plagas y controladores biológicos presentes, identificando ocho especies de plagas diferentes y seis controladores biológicos. Fue descubierta una mayor presencia e incidencia del pulgón verde de la alfalfa (especies Acyrthosiphon pisum y Trips de California) en los cultivos de la zona, además, depredadores y parasitoides (Campsomeris sp.) y avispas de la familia lchneumonidae.

En cuanto a los controladores biológicos con injerencia en el lugar, destacó la abundancia en el lugar de dos “chinitas” (Eriopis connexa e Hippodamia convergens) y dípteros llamados Sirfidos que son  controladores destacados.

En la hacienda, se registró que la banda floral que beneficia al Picaflor de Arica, contaba con mayor presencia de flora nativa, especies como como la Carza (Haplorthus peruviana), Tara (Caesalpina espinosa), Molle (Schinus areira) y Chuve (Tecoma fulva), en comparación a la exótica. Este hecho responde a la alta salinidad de las aguas del río Camarones y los altos contenidos de Boro, ambos encontrados en el suelo y las aguas del valle, factores que hacen más propicia la proliferación de flora autóctona.

Los cercos vivos y flora ripariana en Hacienda Santa Pabla, según identificó el equipo del proyecto, formaban símiles de corredores biológicos en el Valle de Camarones. En estos sitios fue posible encontrar nidos de Picaflor de Arica y dos ejemplares adultos.

Actualmente, la Iniciativa para la Conservación de Especies Amenazadas cuenta con un programa piloto para proteger la banda foral que es hábitat del Picaflor de Arica adicional al programa de Manejo integrado de Plagas en alfalfa, aplicado en terrenos para cultivo de cebolla.

 

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