Una novedosa capacitación en coctelería recibió un grupo de beneficiarios de la Iniciativa Conservación de Especies Amenazadas,  instancia ejecutada por el Ministerio del Medio Ambiente (MMA), implementada por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y financiada por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF por su sigla en inglés) y que trabaja en el territorio con el objetivo de promover buenas prácticas para la conservación del queule, especie en peligro de extinción, declarada Monumento Natural en 1995.

Para Fabiola Lara, coordinadora Macro Zona Sur de la Iniciativa conservación de especies Amenazadas, la actividad representa una nueva oportunidad de aprendizaje para con la especie amenazada queule. “Antiguamente era parte de la cultura local el preparar mermeladas, compotas, entre los habitantes y eso se fue perdiendo porque los árboles fueron desapareciendo, hoy buscamos conservar de manera sustentable su fruto, utilizando la pulpa en las preparaciones y viverizando las semillas”, destacó.

En este contexto y respondiendo a la inquietud de Victoria Inzunza, quien había intentado preparar el licor de queule, se organizó el taller de mixología para aprender sobre diversas técnicas para alcanzar un producto de calidad. La experiencia  se desarrolló en  el predio San José, ubicado en el límite comunal de Penco y Tomé, en donde además de degustar y preparar el licor se aprovechó de recorrer el bosque nativo  que la familia Escalona Inzunza preserva hace más de 20 años y en donde se ha construido, con el apoyo de la Iniciativa Conservación de Especies Amenazadas,  un sendero con el objetivo de aportar a la Educación Ambiental.

La académica Beatriz Betancourt preparó diferentes bases con aguardiente local, miel, especias como la canela, clavo de olor, las que estuvieron en reposo por 15 días.  Usó como fruta de temporada otoñal el queule, picado y  sin cáscara. El taller teórico-práctico permitió a los participantes una primera degustación para luego ellos mismos preparar sus cocteles según su preferencia de sabor. Los que desde ahora pasaran un tiempo de reposo, esperando su punto de sabor, color, y aroma, óptimo.

Beatriz Betancourt agradeció la invitación y  dijo que “fue una gran experiencia el poder trabajar con un producto local único, de un sabor indescriptible y del cual muy pocos tienen memoria gastronómica. Ví a los asistentes muy motivados y con ganas de aprender para desarrollar una línea simple de producción para dar valor agregado a productos que tienen en sus predios, para así destacar el sabor local”.

Del predio piloto  Rancho Grande, participó del taller Jorge Silva, quien además de tener queules en su predio ha desarrollado un modelo que  mezcla la agroecología con la conservación de árboles nativos, a su vez  entrega un servicio turístico, por lo que se mostró muy interesado en agregar valor al aguardiente que el mismo produce a partir de sus parras, con macerados de queule. “Fue un buen taller, y agradecemos a la profesora su tiempo y sus conocimientos que compartió generosamente. Yo ya me visualizo degustando con mi familia y amigos y también con  clientes, un licor único, especial y diferente”, comentó al finalizar el taller.

Pablo Azúa, extensionista para queule de la Iniciativa Conservación de Especies Amenazadas, destacó que estos conocimientos son una herramienta que se viene a sumar a todo el trabajo realizado con los pilotos y que tiene relación con promover buenas prácticas, una de ellas es hacer una recolección consciente, y dar valor al patrimonio natural existente en la zona.

 

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